
El regreso de Robison a Chalán, en Sucre, alivia un dolor de casi 30 años y reúne a toda una familia
La prolongada espera de casi tres décadas por el regreso de Robison Antonio Mendoza Tovar transformó el dolor en unión familiar. 20 de sus parientes, entre su esposa Nidian, sus cuatro hijos –un hombre y tres mujeres–, sus hermanos, los sobrinos y los nietos, coparon el salón parroquial de su natal Chalán, en Sucre, donde recibieron su cuerpo en un pequeño cofre de madera.
La presencia de la extensa familia no fue lo único que llenó el recinto, también los recuerdos de cuando compartió con algunos de ellos antes de partir, en septiembre de 1997 hacia Aguazul, en Casanare, en busca de trabajo para un mejor futuro.
Fueron precisamente los sentimientos encontrados, las risas, las lágrimas y hasta la gratitud por tenerlo de vuelta, lo que hizo que las horas parecieran interminables, como si nunca más tuvieran que desprenderse físicamente de él.
Pero había que seguir avanzando. Por eso caminaron pocos metros con su féretro hasta llegar a la iglesia Inmaculada Concepción de María, donde muchas veces se refugiaron en busca de una dirección divina que los condujera a su ser querido.
En Colombia, donde hay más de 136.000 personas dadas por desaparecidas a causa del conflicto armado, encontrar es un descanso. Los Mendoza Tovar saben que, aun en medio de la tristeza porque Robison regresó sin vida, hay motivos para sentir que soltaron la pesada carga de la incertidumbre.
Luego de la ceremonia religiosa, partió del templo la procesión hasta el Cementerio Central, una imagen común en un municipio con gran afectación por el conflicto armado, como Chalán. Era un momento esperado por su familia: tener un sitio donde visitarlo, llevarle flores, hablarle e iniciar sin más espera el duelo suspendido por la desaparición.
Nidian Navarro Luna, madre de tres hijas de Robison, quienes eran solo unas niñas cuando él desapareció, desarrolló a partir de su dolor un liderazgo en la búsqueda que le ha permitido resistir con fortaleza.
«Sigan insistiendo, persistiendo en la lucha de encontrar a sus seres queridos, llegando a los sitios, preguntando, dialogando con las personas y así podremos, en conjunto, encontrar a nuestros seres queridos. Así como encontré el mío, quiero que los demás encuentren a sus seres queridos», relató esta mujer, quien seguirá ayudando a que más familias tengan noticias de sus parientes.
Blanca Inés Arteaga Morales, coordinadora de la Unidad de Búsqueda en Sucre, reconoció la lucha de la familia Mendoza Tovar durante casi tres décadas para lograr el hallazgo de su ser querido.
«La familia participó de manera activa durante todo el proceso de búsqueda, identificación y entrega digna de Robison Antonio, de manera que así se fortalece la garantía de participación de las familias buscadoras y la reconstrucción del tejido social de los Montes de María y del golfo de Morrosquillo”, resaltó Arteaga.
La coordinadora explicó que el proceso de búsqueda de Robison fue posible gracias a un trabajo articulado entre los equipos de la Unidad de Búsqueda en Sucre y Casanare. Este último llevó a cabo la intervención forense del Cementerio de Aguazul y recuperó el cuerpo de Robison Antonio.
La investigación humanitaria y extrajudicial incluyó la toma de muestras biológicas a la esposa y dos hijas de Robison Antonio, con lo cual el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y el equipo del Centro Integral de Abordaje Forense e Identificación (CIAFI) en Bogotá llegó a la identificación plena del cuerpo.