
Un mismo uniforme, dos generaciones de honor: el legado de servir a Colombia de los Zamudio
Desde niño, el soldado profesional José Daniel Zamudio Cogi sentía una profunda admiración por quienes portaban el uniforme del Ejército Nacional. En las calles de La Dorada, Caldas, veía pasar a los militares y soñaba con algún día hacer parte de sus filas. No esperó a que la oportunidad llegara; cuando cumplió la edad para prestar su servicio militar, tomó la decisión de presentarse voluntariamente y emprender el camino que marcaría su vida.
«Siempre me gustó el Ejército, me nacía de corazón. Por eso, me presenté», recuerda el hoy veterano del Ejército Nacional que, desde sus primeros meses de formación, demostró su vocación por el servicio. Tras culminar su instrucción, llegó al área de operaciones, donde encontró en los soldados voluntarios una escuela de disciplina, liderazgo y compromiso con Colombia. Su deseo era estar en el área de operaciones para cumplir con la misión constitucional de defender la nación.
Su entrega y determinación lo llevaron a continuar la carrera militar y, años después, se convirtió en fundador del Batallón de Alta Montaña N.° 5, unidad a la que llegó hace 23 años y tenía la misión en aquel entonces, de recuperar la seguridad de una región afectada por la presencia del antiguo frente 50 de las FARC, estructura que utilizaba la cordillera Central, como corredor de movilidad para sus acciones terroristas.
«Me siento muy orgulloso de ser fundador del BAMUR, de haber acabado totalmente con ese frente que mantenía azotado al departamento del Quindío. Gracias al Batallón de Alta Montaña N.°5 se recuperó la tranquilidad para muchas comunidades», afirmó Zamudio.
Ese legado de servicio quedó sembrado en su familia. Desde muy pequeño, su hijo Juan José Zamudio Pérez observó con admiración la carrera de su padre y encontró en ese uniforme, una inspiración. Una imagen quedó grabada en su memoria: ver a su padre durante un desfile del 20 de Julio. En ese momento comprendió que quería seguir sus pasos.
«Me sentí el hijo más orgulloso del mundo de verlo allí, y le dije: yo voy a ser militar y seguir sus pasos, llegar donde usted llegó e inclusive superarlo”, recuerda Juan José, quien durante años mantuvo firme esa decisión hasta que al cumplir los 18 años inició los trámites para prestar su servicio militar, sin contarle inicialmente a su padre».
La sorpresa llegó cuando le anunció que portaría el uniforme del Ejército Nacional, en el mismo batallón que su padre fundó. Para Juan José, no se trataba solamente de ingresar a la institución, sino de continuar una historia familiar construida sobre el sacrificio, la disciplina y el amor por Colombia.
«Cuando he estado en el área de operaciones y siento mucho peso o me faltan fuerzas, me digo a mí mismo: si mi papá pudo, yo también. Si a él no le quedó grande, a mí tampoco», relata el soldado Zamudio, quien durante su servicio conoció diferentes facetas de la vida militar, desde el apoyo a las comunidades a través de Acción Integral hasta las operaciones militares que desarrolla esta Unidad militar sobre la cordillera Central, en el departamento del Quindío.
Aunque reconoce que los tiempos han cambiado y que las condiciones actuales son diferentes a las que enfrentó su padre, valora haber vivido una experiencia que pocos jóvenes conocen. Su propósito ahora es continuar su formación militar y convertirse en oficial del Ejército Nacional, llevando consigo las enseñanzas de su padre, de los compañeros y superiores que han hecho parte de su camino.
Para el soldado profesional José Daniel Zamudio, ver a su hijo con el mismo uniforme que un día él portó representa uno de los mayores orgullos de su vida. «Cuando lo vi por primera vez en camuflado uno siente muchas cosas; se siente grande, orgulloso de ver a su hijo. Él siempre decía que quería estar en el batallón que fundó su papá, y eso lo hace sentir bien a uno porque quiere seguir ese legado».
La historia de los Zamudio representa la continuidad de miles de hombres y mujeres que han decidido servir a Colombia desde las filas del Ejército Nacional. Dos generaciones, una misma unidad y un mismo compromiso: proteger el territorio nacional y conservar la tranquilidad que durante años fue recuperada en las montañas de la cordillera Central.
Hoy, desde las filas del Ejército Nacional, el mensaje para los jóvenes colombianos es claro: la vida militar es un camino de disciplina, formación y servicio a la patria. A través de las armas de la República que entrega el Estado colombiano, quienes deciden incorporarse tienen la oportunidad de aportar a la defensa de la nación, construir un proyecto de vida y dejar una huella de honor en la historia de Colombia.