
Garagoa consolida dos años de experiencia pionera en la restricción del uso de celulares en las aulas
El reciente anuncio de la Secretaría de Educación de Bogotá sobre la preparación de una norma que restringirá el uso de teléfonos celulares y dispositivos electrónicos en las aulas y durante los recreos de los colegios oficiales, volvió a poner sobre la mesa un debate crucial relacionado con la salud mental, la convivencia y la concentración de los estudiantes.
Sin embargo, mientras para la capital esta medida representa un desafío que iniciará en el segundo semestre escolar, en Garagoa ya es una experiencia consolidada y con resultados positivos.
Un caso pionero se desarrolla en la Institución Educativa Técnico Industrial Marco Aurelio Bernal, del municipio de Garagoa, donde la comunidad educativa tomó esta decisión desde mediados de 2024, por medio de la Resolución Nº 005 del 19 de junio de 2024, a través de la cual, las directivas y la comunidad educativa de la Institución Educativa Marco Aurelio Bernal resolvieron: “Prohibir el ingreso, tenencia y uso de teléfonos celulares u otros dispositivos electrónicos durante la jornada escolar en todas las sedes de la Institución, por parte de los estudiantes”.
La medida nació con el propósito de garantizar un entorno educativo adecuado, seguro y libre de las constantes distracciones que interferían en las actividades académicas y en el desarrollo de los talleres técnicos propios de su vocación pedagógica.
Lejos de ser una norma pasajera, la receptividad de la medida sirvió de fundamento para que, en la actualización de su Pacto de Convivencia para 2025, la prohibición quedara oficialmente institucionalizada en el artículo 17, literal K, estableciendo un marco normativo claro para toda la comunidad educativa.
Problemáticas superadas y beneficios en el aula
Antes de la implementación de la medida, el uso excesivo del celular dentro del colegio generaba situaciones que afectaban directamente el aprendizaje, entre ellas:
• Fragmentación de la atención: las notificaciones constantes interrumpían el desarrollo de las clases y dificultaban los procesos de retención a largo plazo.
• Pérdida de concentración en las asignaturas: el requerimiento de precisión en las áreas prácticas se veía comprometido por las distracciones digitales.
• Aislamiento social durante los descansos: los estudiantes tendían a concentrarse en las pantallas, reduciendo la interacción cara a cara.
Tras la consolidación de la norma, se evidencian beneficios como:
• Recuperación de la concentración y el rendimiento: se observan procesos de escucha activa, participación constante e interés en las explicaciones de los docentes.
• Fortalecimiento de las relaciones interpersonales: los descansos recuperaron espacios para el juego, la conversación, la empatía y la actividad física entre compañeros.
• Reducción de los niveles de ansiedad: al desconectarse de las redes sociales durante la jornada escolar, disminuyeron la presión social digital y la necesidad de hiperconectividad.
• Mejores resultados en las pruebas de Estado.
La biblioteca escolar, un nuevo lugar seguro
Uno de los impactos más enriquecedores de haber dejado los celulares fuera del colegio ha sido la reconfiguración de los espacios comunitarios. Ante la ausencia del refugio individual que ofrece la pantalla, la Biblioteca Escolar de la Institución Educativa Marco Aurelio Bernal se transformó en uno de los principales lugares seguros para los estudiantes.
Durante los recesos y tiempos libres, decenas de jóvenes acuden voluntariamente a la biblioteca, no solo en busca de un espacio de silencio o consulta, también como lugar de encuentro, lectura compartida, juegos de mesa y diálogo.
La restricción del uso de celulares permitió que los libros y la lectura recuperaran protagonismo como espacios de encuentro y aprendizaje.
Un referente para el país
Mientras la capital del país avanza en la elaboración de su directiva, inspirada en recomendaciones internacionales como las de la Unesco, la experiencia de la Institución Educativa Marco Aurelio Bernal, en Garagoa, demuestra que limitar el uso de pantallas en la escuela no significa restarle importancia a la tecnología, sino generar espacios para pensar, convivir, crear y leer.