Más de la mitad de los adultos en Colombia tiene exceso de peso

Colombia enfrenta una realidad que se ha vuelto demasiado cotidiana y, por lo mismo, peligrosamente normalizada: más de la mitad de los adultos del país vive con exceso de peso. Aunque muchas veces el tema sigue tratándose como un asunto estético o de hábitos individuales, la evidencia médica y epidemiológica muestra que se trata de una condición compleja, de alto impacto y con profundas implicaciones para la salud pública.

Según la última encuesta nacional disponible de Situación Nutricional (ENSIN), en Colombia el 56,4 % de jóvenes y adultos presenta exceso de peso. De ese total, el 37,7 % tiene sobrepeso y el 18,7 % obesidad. Además, la obesidad es más frecuente en mujeres, con una prevalencia de 22,4 %, frente a 14,4 % en hombres. Estas cifras reflejan un aumento de 5,2 puntos porcentuales frente a la medición de 2010, lo que confirma que el problema no solo persiste, sino que avanza y se instala como un desafío estructural para el sistema de salud.

Para el doctor Oscar Mauricio Rueda Blanco, médico internista, máster en Dirección y Gestión Sanitaria y especialista en Medicina Interna, uno de los principales riesgos es que el exceso de peso se ha vuelto tan frecuente que muchas personas dejan de percibirlo como una señal de alerta. “Cuando más de la mitad de la población convive con sobrepeso u obesidad, el país empieza a asumirlo como algo normal. Y ahí está el problema: lo frecuente no necesariamente es saludable. La obesidad no es un rasgo físico, es una enfermedad crónica que aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, hígado graso, apnea del sueño, deterioro articular y otras complicaciones que pueden comprometer seriamente la calidad y la expectativa de vida”, explica Rueda Blanco.

La coyuntura internacional refuerza esta preocupación. El mensaje global es claro: se trata de una enfermedad que requiere prevención, atención oportuna, políticas públicas y una mirada integral, no juicios morales ni soluciones superficiales.

La Organización Mundial de la Salud ha reiterado que la obesidad es una enfermedad crónica compleja y recidivante, influida por múltiples factores biológicos, sociales, ambientales y conductuales. En su actualización más reciente, la entidad señala que en 2022 había 2.500 millones de adultos con sobrepeso en el mundo y más de 890 millones con obesidad. Esto significa que el 43 % de los adultos tenía sobrepeso y el 16 % vivía con obesidad. A nivel global, la obesidad en adultos se ha más que duplicado desde 1990.

“El problema de salud pública no es sólo cuántas personas pesan más, sino cuántas están llegando tarde al diagnóstico y al tratamiento. Muchas veces el paciente consulta cuando ya tiene presión alta, alteraciones en el azúcar, dislipidemia, hígado graso o cansancio extremo. La obesidad suele ser la puerta de entrada a múltiples enfermedades crónicas, y por eso debe abordarse antes de que aparezcan las complicaciones”, advierte el doctor Rueda Blanco.

En esa misma línea, la OMS informó en 2024 que una de cada ocho personas en el mundo vive con obesidad, es decir, más de 1.000 millones de personas. El organismo ha advertido además que esta condición ya se ha convertido en una de las expresiones más extendidas de la malnutrición a nivel mundial y que su crecimiento sostenido obliga a los países a integrar la prevención y el manejo de la obesidad dentro de la atención primaria y de las políticas públicas de largo plazo.

En Colombia, normalizar el exceso de peso también significa invisibilizar sus causas profundas. No se trata únicamente de decisiones individuales, sino de entornos alimentarios adversos, jornadas laborales extensas, bajo acceso a alimentos frescos en algunos territorios, sedentarismo, estrés crónico, falta de educación nutricional y barreras para acceder a diagnóstico y acompañamiento médico oportuno. Por eso, para los especialistas, insistir únicamente en “comer menos y moverse más” resulta insuficiente y, en muchos casos, injusto.

“El país necesita dejar de culpabilizar a las personas y empezar a comprender la obesidad como un fenómeno de salud pública. Hay un componente individual, sí, pero también hay determinantes sociales y ambientales muy fuertes. La solución no puede recaer únicamente en la voluntad del paciente. Se requieren políticas de prevención, entornos más saludables, educación, seguimiento clínico y un abordaje médico interdisciplinario”, señala el doctor Oscar Mauricio Rueda Blanco.

El médico internista insiste en que el exceso de peso no debe ser minimizado ni tratado desde el estigma. Por el contrario, es necesario promover una conversación más madura y más responsable: detectar tempranamente el riesgo, intervenir antes de que aparezcan las complicaciones, acompañar sin juzgar y entender que la obesidad no es sinónimo de descuido, sino una condición de salud que puede y debe ser atendida con evidencia científica.

En un momento en que la discusión pública suele moverse entre la banalización y las soluciones rápidas, el mensaje desde la medicina es contundente: Colombia no puede seguir normalizando que más de la mitad de sus adultos viva con exceso de peso. Convertir lo frecuente en aceptable puede salir muy caro, no solo en términos de enfermedad y mortalidad, sino también en costos humanos, familiares y para el sistema de salud.