Las últimas cascadas del paraíso

Por: Jaiver Rojas - Comunicador Social y Fotógrafo

En el Pie de monte llanero, Casanare cerca de las 6:15 a.m. la neblina cubría la montaña y el rumor del agua llegaba a lo lejos, caminé con la cámara al cuello, las botas empapadas por el rocío y el corazón acelerado por la emoción de cada paso, en el campo nunca sé qué voy a encontrar, pero siempre confío en que algo me sorprenderá.

El aire olía a tierra húmeda, a hojas recién abiertas, el bosque de niebla tiene su propio idioma: resina, flores invisibles que perfuman, frutos que caen y llenan de dulzura el suelo, respirar allí es como beber del bosque.

El murmullo se transformó en estruendo, una cascada apareció frente a mí, cayendo desde lo alto como un telón de cristal, la brisa me golpeó el rostro, en los labios sentí el sabor metálico y limpio del agua pura, recién nacida de la montaña, cerré los ojos y pensé: este es el último paraíso.

Apunté la cámara, volé el drone y La luz del amanecer se filtraba entre las copas, las gotas quedaban suspendidas en el aire como diamantes y unas garzas atravesaban el cielo, cada disparo buscaba algo más que la imagen: quería atrapar el olor fresco de la bruma, el sonido profundo del agua al romperse en las rocas, la emoción de estar dentro de un templo natural.

No estaba solo, un tucancillo me observaba desde una rama, en el suelo, en un tronco una mariposa diminuta de colores brillantes, la vida estaba en todas partes y me recordaba que el agua no solo da forma al paisaje: sostiene cada ser que respira aquí.

Mientras descendía por la vereda, pensé en la fortuna del pie de monte llanero, aquí, donde los Andes se rinden y nacen los llanos infinitos, el agua fluye con generosidad, muchos lugares del mundo sueñan con tener lo que nosotros tenemos: cascadas vivas, bosques que respiran, nacederos que alimentan ríos inmensos.

El sol se alzó cuando guardé la cámara, sentí adrenalina, sí, pero también gratitud, ser testigo de estas últimas cascadas del paraíso es un privilegio, contar su historia es la manera de honrar lo que vi, lo que olí, lo que probé y lo que escuché.

El pie de monte llanero no es solo un paisaje: es una experiencia que despierta todos los sentidos, y mientras el agua caiga desde la montaña hacia la llanura, nos recordará que habitamos un territorio sagrado, un territorio donde la vida todavía canta en voz alta.