
La tricolor vuelve a unir a millones de colombianos alrededor de un mismo sueño mundialista
Por: Emilio Gutiérrez Yance
En un país donde las diferencias suelen ocupar buena parte de las conversaciones diarias, la Selección Colombia aparece como uno de esos pocos símbolos capaces de reunirnos alrededor de una misma emoción. Es una bandera que no distingue regiones, edades ni condiciones sociales. Es un sentimiento compartido que vuelve a recorrer el país ahora que la tricolor se alista para iniciar su camino en el Mundial.
La apuesta por la dignidad, y la seguridad encuentra eco en esa emoción colectiva que despierta la camiseta amarilla porque cuando juega Colombia, el país parece recordar que, más allá de cualquier diferencia, sigue siendo una sola nación alentando por un mismo sueño.
Desde las primeras horas del día, las calles comienzan a teñirse de amarillo, azul y rojo. El viejo Gabriel, mototaxista de oficio y optimista por convicción, recorre las vías con la camiseta de la Selección y una sonrisa que parece anunciar una victoria antes del pitazo inicial.
En el restaurante del barrio, Luz Karime sirve cada plato con la misma dedicación con la que millones de colombianos esperan una alegría mundialista. Entre conversaciones, pronósticos y risas, el fútbol se convierte en el tema que une a quienes apenas unas horas antes eran simples desconocidos.
Paola, la aseadora del colegio, limpia los salones mientras escucha las noticias deportivas. Su escoba parece dibujar los colores de la patria en cada rincón, como si el país entero se preparara para una cita con la historia.
Y está también el viejo Abelardo, sentado desde muy temprano frente a su tienda. Con una taza de café entre las manos y la camiseta tricolor sobre el pecho, espera el debut mundialista como quien espera una buena noticia para la familia. Su silencio guarda la misma esperanza que comparten millones de colombianos. No muy lejos, el viejo Rafa ofrece tinto caliente a los conductores que atraviesan las carreteras de Bolívar. Entre sorbo y sorbo, la conversación siempre termina en el mismo lugar: la Selección, el rival de turno y las ilusiones que despierta volver a competir en una cita orbital.
En las plazas de los pueblos, en las ciudades, en los corregimientos y veredas, viejos y jóvenes se reúnen para hablar de fútbol. Debaten alineaciones, recuerdan gestas pasadas y analizan las posibilidades del equipo nacional.
Algunos elevan una oración silenciosa, otros confían en el talento de los jugadores, pero todos comparten el mismo deseo: ver a Colombia hacer historia en el Mundial.
Porque la Selección Colombia es mucho más que un equipo de fútbol. Es un reflejo de lo que somos cuando caminamos en la misma dirección. Es la prueba de que todavía existen causas capaces de unirnos por encima de cualquier diferencia política, económica o social.
La Policía Nacional en el departamento de Bolívar también se prepara para acompañar a los aficionados durante la fiesta mundialista. En los diferentes municipios, uniformados desplegarán acciones preventivas, campañas de convivencia y acompañamiento permanente para garantizar que cada celebración se desarrolle en un ambiente de respeto, tolerancia y tranquilidad. La institución busca que la pasión por la tricolor se viva en familia, sin excesos y con el espíritu de unión que caracteriza a los colombianos cuando apoyan a su Selección.
«La Selección Colombia representa la unión, la esperanza y el orgullo de todo un país. Desde el Departamento de Policía Bolívar estaremos acompañando a los ciudadanos en cada municipio para que esta fiesta deportiva se viva en paz, con respeto y sana convivencia. Queremos que las familias disfruten del Mundial con alegría y que la pasión por nuestra tricolor sea motivo de encuentro y no de conflicto», expresó el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar.
El próximo 17 de junio, cuando Colombia salte al terreno de juego para enfrentar a Uzbekistán en su debut mundialista, millones de corazones latirán al mismo ritmo. En las casas, en las plazas, en los establecimientos comerciales, en las carreteras y en cada rincón de Bolívar, la tricolor volverá a convertirse en el lenguaje común de una nación diversa pero unida por un mismo sentimiento.
Porque más allá de los resultados, el Mundial nos recuerda quiénes somos cuando dejamos a un lado las diferencias: un pueblo capaz de soñar junto, de celebrar junto y de creer junto. Y mientras el balón ruede, Colombia volverá a encontrarse en ese lugar donde habitan la esperanza, el orgullo y la certeza de que, cuando juega la Selección, late el corazón de todo un país.
Y durante noventa minutos, o quizá un poco más, los colombianos volveremos a encontrarnos en ese espacio donde desaparecen las distancias y solo queda una certeza: la tricolor sigue siendo el abrazo más grande que une a toda una nación.