Bertha Herrera: 26 años de servicio, compromiso y amor por el Ejército Nacional

Una de ellas es la de Bertha Irene Herrera Hernández, de 49 años, quien completa 26 años y 4 meses de servicio, orgullosa de pertenecer a esta gran familia. Su historia comenzó en el Batallón de Apoyo y Servicios para el Combate N.° 7 Antonia Santos, en Villavicencio, donde fue nombrada como aseadora.

En diciembre de 2004 fue trasladada a la Novena Brigada, en Neiva. Allí tuvo la oportunidad de reemplazar a una compañera en la cafetería de atenciones de comando, donde se ganó el cariño de quienes compartían con ella. En 2006 asumió un nuevo reto en el archivo de la unidad, después de capacitarse en la Escuela de Caballería, en Bogotá. Aunque enfrentó obstáculos, su perseverancia le permitió demostrar sus capacidades y seguir creciendo profesionalmente.

En 2008, una difícil situación familiar la llevó a buscar nuevas oportunidades. Tras varios meses de gestiones, llegó a la Cuarta División, inicialmente a la sede habitacional, donde trabajó durante aproximadamente cinco años en jornadas exigentes. Con el apoyo de sus padres, logró afrontar los desafíos laborales y familiares. En 2011 llegó a la cafetería de atenciones de comando de la Cuarta División, donde encontró un espacio para continuar sirviendo y compartir más tiempo con su familia.

Desde entonces, Bertha ha hecho de su trabajo una expresión de amor y vocación de servicio. Atiende con la misma amabilidad a soldados, suboficiales, oficiales y comandantes, convencida de que todos merecen respeto y un trato digno, sin distinción de grado.

Su orgullo también está en sus dos hijas: la mayor, de 27 años, es abogada, y la menor, de nueve años, estudia en el Liceo del Ejército. Su vínculo con la institución tiene raíces familiares, pues su padre también perteneció al Ejército Nacional.

La historia de Bertha es un homenaje al personal civil que, sin portar el uniforme militar, contribuye cada día al cumplimiento de la misión institucional.

Su trayectoria representa perseverancia, humildad y compromiso; demuestra que servir también es atender con una sonrisa, trabajar con honestidad y hacer sentir importante a cada persona. Después de más de dos décadas de entrega, expresa con orgullo el sentimiento que ha guiado su camino: «Amo esta institución con todas las fuerzas de mi vida»