
«Estoy parado en el tiempo», la historia del soldado Triana, un joven que convirtió un «no» en un nuevo comienzo
Con 1,45 metros de estatura, Jaime Triana demuestra que el tamaño de una persona no determina la grandeza de sus sueños. Fue rechazado cuando intentó ingresar al Ejército Nacional, pero su constancia lo llevó a vestir el uniforme que siempre quiso llevar.
Jaime Triana Medina tiene 19 años y nació el 27 de febrero de 2007. Es un joven alegre, espontáneo y de sonrisa fácil, que creció en una familia campesina, entre el trabajo de sus padres y el ejemplo de quienes le enseñaron que las metas se alcanzan con esfuerzo.
Antes de llegar al Ejército Nacional, encontró en la mecánica una de sus pasiones. En un taller aprendió a reparar motocicletas y comenzó a construir un oficio que le permitiera abrirse camino en la vida. Sin embargo, desde hacía tiempo tenía otro propósito, prestar el servicio militar.
Su padre había vestido el uniforme y su historia se convirtió en una inspiración. También buscó el consejo de un tío que fue suboficial. Con su respaldo, decidió presentarse.
El primer intento no fue exitoso. «Me rechazaron», recuerda Jaime.
Pero ese «no» no significó el final. Volvió a intentarlo y, gracias a su perseverancia, hoy hace parte del Ejército Nacional y presta su servicio militar en el Huila.
Su experiencia la comparte, además, junto a dos de sus primos. Juntos forman una particular familia dentro del cuartel, participan en la diana, entrenan, marchan y cumplen sus turnos de servicio.
Para Jaime, cada día representa una oportunidad para aprender algo nuevo. Durante su servicio también descubrió una pasión que no había imaginado, la cocina.
En una de sus labores como ranchero comenzó a preparar diferentes platos y encontró en la bandeja paisa una de sus especialidades. Los soldados Medina y los cabos Ferro, Tufiño y Portillo se convirtieron en sus compañeros y en parte de esa familia militar que, asegura, siempre lo ha motivado. «Ellos siempre me motivaban», cuenta con una sonrisa.
Entre las experiencias que ha vivido durante su servicio militar, Jaime guarda un recuerdo especial, el juramento de bandera, una ceremonia en la que los soldados expresan públicamente su compromiso de servir a la patria, defender la Constitución y proteger a los colombianos hasta con su propia vida.
Para él, aquel momento tuvo un significado especial. Era la confirmación de que había alcanzado una meta por la que tuvo que insistir.
«Yo estoy parado en el tiempo», dice Jaime con su particular manera de expresarse, mientras recuerda todo lo que ha vivido desde que llegó al Ejército Nacional.
Y mientras continúa cumpliendo su servicio militar, también comienza a mirar hacia el futuro.
La cocina, que inicialmente fue una responsabilidad dentro del cuartel, se convirtió en una nueva posibilidad. Ahora sueña con prepararse para ser chef y convertir ese talento descubierto durante su servicio en una profesión.
Jaime todavía no termina su camino como soldado. Cada jornada, cada entrenamiento y cada servicio hacen parte de una experiencia que continúa construyendo.
Su historia demuestra que prestar el servicio militar no solo significa vestir un uniforme. También puede ser una oportunidad para descubrir habilidades, fortalecer la disciplina, aprender nuevos oficios, hacer amigos y encontrar nuevas posibilidades para el futuro.
Jaime llegó con el sueño de ser soldado. Hoy, mientras cumple su servicio militar, también está descubriendo en qué más puede convertirse.
Porque un «no» puede detener un intento, pero nunca tiene por qué detener un sueño.