Cementerio Militar Mayor Farid Londoño Calle: memoria viva de los héroes del Huila

Allí descansan soldados que entregaron su vida por Colombia, hombres que partieron al combate y nunca regresaron a casa, pero cuya memoria permanece intacta gracias a un camposanto que con el tiempo se convirtió en símbolo de honor, gratitud y tradición militar: el Cementerio Militar Mayor Farid Londoño Calle.

Más que un cementerio, este lugar representa la historia viva del Batallón Tenerife y de la Novena Brigada. Cada cruz, cada muro y cada rincón conservan el legado de generaciones de soldados que defendieron al país en los momentos más difíciles.

El origen de un símbolo

La historia del cementerio tiene un nombre imposible de olvidar: Sildana Díaz Mancilla, conocida cariñosamente como “Sildanita”.

Nacida en Curití, Santander, en 1919, llegó a Neiva en 1947. Su vida cambió para siempre cuando observó el abandono de las tumbas de soldados huilenses en el Cementerio Central de Neiva. Aquella escena despertó en ella un profundo sentido de compromiso con quienes habían muerto sirviendo a la patria.

Fue entonces cuando acudió al Comandante del Batallón Tenerife para solicitar un espacio digno donde pudieran descansar los militares que no eran reclamados por sus familias. Su petición fue aceptada y se escogieron las antiguas ruinas del acueducto municipal, ubicadas en la parte nororiental del cantón.

Ese lugar, rodeado de historia y solemnidad, se convirtió en el nacimiento del actual Cementerio Militar.

Sildana, la guardiana de los héroes

Con esfuerzo propio y una vocación admirable, Sildana ayudó a construir el muro de piedra que aún hoy delimita el camposanto. Poco a poco, el lugar fue creciendo hasta convertirse oficialmente en el Cementerio Militar Mayor Farid Londoño Calle.

Sildana adoptó la causa de los soldados como una misión de vida. Vestía el uniforme del Ejército Nacional como homenaje permanente a quienes ya no podían portarlo y dedicó sus días al cuidado del cementerio, del lago de la unidad y de diferentes espacios del Batallón Tenerife.

Su figura se volvió parte de la identidad militar de Neiva. Para muchos soldados fue una madre, una cuidadora silenciosa y un símbolo de lealtad institucional.

Un lugar donde la historia permanece

Quien recorre hoy el Cementerio Militar Mayor Farid Londoño Calle encuentra mucho más que tumbas. Encuentra relatos de valentía, familias que aún recuerdan, soldados que rinden honores y generaciones enteras que entienden que la libertad también ha tenido un costo humano.

El cementerio es insignia porque resume el espíritu del Ejército Nacional: honor, sacrificio, disciplina y memoria.

En cada ceremonia militar, en cada ofrenda floral y en cada visita silenciosa, se reafirma que los héroes no son olvidados.

La memoria como deber institucional

Para la Novena Brigada, preservar este lugar significa mantener viva la historia de quienes defendieron al Huila y a Colombia. Es un espacio que conecta el pasado con las nuevas generaciones de soldados, recordándoles que portar el uniforme implica compromiso, servicio y amor por la patria.

El Cementerio Militar Mayor Farid Londoño Calle no es solamente un lugar de descanso eterno. Es un santuario de memoria militar, construido gracias al amor de una mujer que decidió dedicar su vida a honrar a los héroes de la nación.

Y mientras exista alguien que recuerde sus nombres, esos soldados seguirán marchando en la historia del Huila y de Colombia.